domingo, junio 14

Un largo año

Miraba una película, que importa su nombre, era una de tantas; veo a Jennifer Aniston sonriendo, no puede disimular las arrugas que se forman en la comisura de sus labios, un signo inconfundible de la edad. Ben Affleck se ve raro, creo que al igual que Ben Stiller ha recurrido al amigo bisturí, sus facciones son un tanto genéricas como de "Barbie". Harrison Ford ya no es el mismo Indiana Jones... Es lo que hago por las noches, mirar películas, o escucharlas quizás.

El tiempo no pasa sólo para ellos, también pasa sobre mi.
Sobre todos, indiscutiblemente.
Hace un año Kostya llegó al mundo, en un par de horas cumplirá su primer año.
Si es que debo de confesar algo, es que no fue un año de expectativas, no esperaba nada en particular. Tal vez un año de certezas, la certeza de que sería dificíl (por cierto terriblemente dificil), la misma certeza de que sería solitario, la misma certeza de que llegaría a un punto irremediable.
Terrible... Duro... Despiadado.
Soy frágil, lo confieso, me parto en dos, en tres, en un millón de piezas y con cada ruptura pierdo algo que no he de recuperar ya más.

Hoy a un año de la venida de Kostya redentor de los caídos, de los apestados, de los marginados, de los enfermos; me fumo un cigarrillo y brindo en su honor, porque mientras todo eso sucede, estas palabras cobran sentido; y a pesar de que este año me arrancó tantas cosas, aún me queda la mas apreciada: mi escritura.
Y así siento que termina este año maldito, y que vendrá uno luminoso, donde la tempestad se haya apaciguado, o quizás lo deseo y lo conjuro, lo invoco con estas palabras cual hechizo tejido por aquel arte que he heredado. He de brindar por la gloria, por el triunfo, por la riqueza y la salud; porque los tiempos nuevos han llegado y arrastran consigo carruajes de encantos y gracias, de inigualables festines y colores, de dicha y felices noches y días, de provechosas cosechas y siembras; he de brindar porque la luz ha vencido la tiniebla y aquel embrujo que pesaba para mi se terminará hoy, mágicamente mis ataduras cederán y renaceré, mi voz cobrará fuerza, y mi pluma será testigo de tales grandezas, cantará odas e historias que encantarán al mundo.
Y yo beberé feliz del vino de este día, no será mas recuerdo, sino experiencia.
Y el cielo se abrirá para mí y me bendecirá, porque yo soy su hija, la mas amada... y he vuelto a casa para reinar.
Este Ícaro de alas de plomo se sacudirá el barro, remontará el vuelo y no volverá caer.
Yo soy la palabra, la verdad y la vida, el que lea y beba de mi vivirá largamente.

Salud!

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