viernes, noviembre 30


mi bastión
mi puerto
mi ancla.


mi esfuerzo
mi desvelo
mi inspiración.


mi miedo
mi yerro
mi derrota.
                             tú, trémulo, frágil, ingenuo

 tú
que te pienso
que te sueño
que no me dejas.


que me atas
que me transformas
que me rompes

tú que no te vas, que siempre te quedas
tú que me miras y yo que me avergüenzo
...quiero partir y no puedo...


que te aferras a mi mano
que anhelas mis brazos

Tú... que tanto te amo



Miro la luna y me veo ahí
las estrellas como espejos
no tengo a donde ir.

Quiero partir
...quiero partir
...quiero partir

                  y no quiero ir...
Mi mente está encadenada a un sentimiento
en mi pecho se cierne como una opresión tu recuerdo

Quiero partir
...quiero partir
...quiero partir
                                      y no puedo...

miércoles, septiembre 26

Eres, 
el temple de mi razón
el oropel de mis sueños
cálido me estremeces
y no dejo de pensarte.

Ladrón de mi tiempo
¿cuántas veces me agitas
me dejas sin respiración?
exhalo con dificultad
tu aroma me sofoca
Mas quiero, 
no puedo dejar de respirarte

domingo, septiembre 4

Eres mi bastión, mi puerto, el norte eterno
doquiera que mire es a ti a quien encuentro.
Y cuando salgo a descubrir me doy cuenta
de que mas tengo por aprender de ti
que del mundo entero.

sábado, diciembre 26

Soy noche.
Por la madrugada soy la oscuridad.
Ajenjo de sueños dulcísimos, donde el ansia de dejarte devorar te consume.
Quieres terminar dentro de mi vientre,
cobijado por el calor de mi regazo,
ese calor que abrasa tu ansia, perdida, borracha;
que abraza tus pálidos brazos, tus transparentes mejillas
y miras a través de mi, mientras el viento
el atrevido viento alborota mis entrañas,
sin embargo me esfumo, se desvanece mi ser en tus manos
soy humo que tomas entre tus dedos sin el éxito anhelado.

Sigo quedándome sin tí.
Y me destruye tanto el sabor de tu ausencia.
He dejado muchas cosas atrás.
Incluso, me he dejado a mi misma.
Detrás, me persigo... no sé como es que no logro alcanzarme.

jueves, septiembre 10

Sin título

Una
, una siempre anhela el amor
el amor quedito, pequeño, redondo
como un ápice brillante
en el manto sempiterno del tiempo.

Y es entonces, que una llora,
y llora más porque el amor nos derrota,
nos estruja, nos hiere, y finalmente
nos vuelve polvo.

Sin embargo, no bajamos los brazos.
Esos brazos permanecen una eternidad abiertos.
Con el abrazo palpitante.
Con el deseo cansado, envejecido, impermutable.

Y una, una solo es eso
una y ya,
una entre tantas,
entre todas;
una, y nada más.

Y es que una siempre espera ver llegar el amor
ese amor callado, tímido, imaginado.
Interminablemente se le cree ver llegar,
un poco tarde, un poco viejo, un poco roto.
Y así se le abraza, se le acoge en el seno profundo
de la decepción y el desconsuelo.

Y cuando cae el ocaso y se cierne sobre nuestro cuerpo
una se vuelve de papel y al anochecer se incendia con
la pasión y la entrega nunca derrochadas,
se quema en medio de la nada por la falta de entrega.

Y arrancamos una hoja más,
que nos mengua, nos reduce, nos destroza.
Y abrimos los brazos, las piernas
abrimos el alma en un monólogo,
en la ausencia.

Y es que una al final ya cansada,
postrada en el lecho solo la muerte le espera.

Y así, dura y trágica manera,
es La Muerte, el amor único, perpetuo abrazo
que a tiempo llega.